LAVA TU PLATO, LAVA TUS PIES
- María Alicia (Shashi) Bauce
- 10 mar 2017
- 2 Min. de lectura

Hay detalles en nuestra cotidianidad que parecieran no ser relevantes para Dios ni para nuestro entorno, pero lo cierto es que si somos hechura suya y fuimos creados por él para buenas obras, y dichas obras fueron preparadas de antemano (Efesios 2:10), entonces debemos procurar honrarle con todas nuestras acciones aunque parezcan pequeñas.
Es impresionantemente común un nuestra cultura latinoamericana el siguiente detalle: “Los hombres de la casa no lavan su plato” y aquellos que lo hacen generalmente es como resultado de una gran insistencia femenina que incluso se torna obstinante, cuando debería ser un deseo genuino. Meditaba en este acto tan cotidiano y venía a mí aquella escena en la que Jesús lavaba los pies de sus discípulos:
Dios había enviado a Jesús, y Jesús lo sabía; y también sabía que regresaría para estar con Dios, pues Dios era su Padre y le había dado todo el poder. Por eso, mientras estaban cenando, Jesús se levantó de la mesa, se quitó su manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en una palangana, y comenzó a enjuagar los pies de sus discípulos y a secárselos con la toalla.
Cuando le tocó el turno a Pedro, éste le dijo a Jesús:
Señor, no creo que tú debas lavarme los pies.
Jesús le respondió:
Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero después lo entenderás.
Pedro le dijo:
¡Nunca dejaré que me laves los pies!
Jesús le contestó:
Si no te lavo los pies, ya no podrás ser mi seguidor.
Simón Pedro dijo:
¡Señor, entonces no me laves solamente los pies, sino lávame también las manos y la cabeza!
Jesús le dijo:
El que está recién bañado está totalmente limpio, y no necesita lavarse más que los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.
¿SI JESÚS LAVÓ LOS PIES DE SUS DISCÍPULOS, POR QUÉ TE CUESTA TANTO LAVAR TU PLATO?
Esta enseñanza va para las dos partes involucradas:
A las mujeres: no es que por servir en el hogar debemos exigir que laven su plato como si hubiésemos hecho una gran hazaña y lo merezcamos. El mismo Jesús, el enviado del cielo, no se enalteció por lo que le correspondía hacer. Simplemente sirvamos con amor como lo hizo Jesús.
A los Hombres: si bien es cierto que como mujeres virtuosas debemos cumplir con las labores del hogar y Dios realmente nos capacitó para ello, lo que rompe la armonía del asunto es la falta de amor. Dirán que es exagerado y que simplemente es un plato, pero el amor considera, agradece y honra.
Este pequeño detalle no solo está presente en los hombres sino también en mujeres: la hija, la nieta, la hermana, la sobrina, la amiga, la vecina que tampoco es capaz de lavar su plato porque hay quien lo haga por ella.
En conclusión, querido lector, lave su plato, no como honra a quien sirve sino como un acto de honra y nobleza hacia Jesús. Que nuestros pies estén limpios porque han seguido los pasos del maestro en todas las áreas de nuestra vida.
#ACTIVATUFE LAVA TU PLATO, LAVA TUS PIES
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